7/8/17

¿Perseverar?



Por Gustavo Bedrossian

Me gusta estar cerca de las personas resolutivas. Valoro la actitud de todo aquel que no espera que las oportunidades les “lluevan” del cielo, sino que tienen iniciativas y promueven cambios. Aplaudo a los que se hacen cargo de su vida, de sus dones y de su misión. Ahora bien, no siempre es fácil para las personas luchadoras y que no se resignan fácilmente ante las dificultades, asumir las limitaciones en su accionar.



¿Cómo acepta una frustración quien puede llegar a decir de sí mismo “lo que me propongo, lo logro” o “yo hago que las cosas sucedan”? No, no, este tipo de personas no se rinden. Si quieren algo, van por eso. Si algo no les gusta, harán todo lo posible para que la situación se modifique.

Su noviazgo no funciona. No importa. Ellos creen que lo harán funcionar. Ya cambiarán al otro y lo convertirán en otra cosa. Si no son queridos, creen que lograrán que el otro los quiera.

Tiene dos amigos que están enfrentados entre sí y no tienen el más mínimo deseo de recomponer el vínculo. No importa. Juntarán a los dos amigos por la fuerza buscando que se puedan reconciliar.

Cuando algo no funciona en el trabajo, allí están para hacer que todo funcione. Todas las señales del mundo indican que seguir invirtiendo tiempo en ese tema laboral no vale la pena, pero a ellos no les importa. Intentarán que el tema se solucione. El noviazgo quizá nunca funcione. Los amigos pueden llegar a salir más peleados. Y el problema laboral cada vez se agravará más. Pero ellos seguirán perseverando.

¡Qué fino que es el límite entre el espíritu de lucha y la testarudez!

Determinado y dar por terminado un tema suenan parecido, pero no significan lo mismo. La sabiduría incluye la determinación en lo que vale la pena, tanto como la capacidad de dar por terminado algo cuando no vale la pena.

Resolutividad no es sinónimo de omnipotencia. Especialmente esto se puede ver con claridad (desde afuera) cuando interviene la voluntad del otro. No podemos torcer sus sentimientos, pensamientos o voluntad. No podemos vivir “remando” por el otro. Cuando el otro no quiere, no quiere. Ser proactivos no nos da el derecho de forzar voluntades ajenas.

Dios mismo que es Omnipotente se ha puesto un límite al concedernos el libre albedrío. No pierdas el tiempo “forzando” voluntades o situaciones. Dedícate a aquello donde realmente vale la pena ser determinado. Concéntrate en aquel territorio donde sí tienes algún grado de influencia.

publicado en www.psicorecursos.com.ar

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