23/3/17

El enojo amoroso

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Por Gustavo Bedrossian

¡Cuántas personas deambulan por el mundo con un insalubre propósito: encontrar algún ser humano que les proporcione la más mínima excusa para pelear con él! Desencajados, mirando hacia los costados, provocadores. Su obsesión es hallar a alguien en quien descargar toda su furia.



Los relatos se repiten semanalmente en mi consultorio:

«Mi mamá me tiene harto con sus gritos. Salí a la calle tratando de que alguien simplemente me tocara con su hombro para romperle la cara». «Mi mujer me irrita con su queja constante, ni loco le toco un pelo. ¿Entonces qué hago? Agarro el auto y salgo a ver con quién me puedo pelear». Las historias pueden variar, pero el proceso se repite. Generalmente la reacción presente se deriva de cuestiones añejas no resueltas.

Por lo cual, amigo, primer humilde consejo: «Mucho, pero mucho cuidado a quién le haces un mínimo gesto en la vía pública. No tienes la más remota idea de la ira contenida que puede estar albergando otra persona».

Lo que está demostrado por diversos estudios científicos y por mi propia experiencia es que descargar la frustración con un estallido de ira no produce descarga en lo más mínimo. Lo más probable es que terminemos con mayor carga de frustración y de sensaciones negativas. La excitación fisiológica que provoca la ira no se reduce luego del estallido, sino que generalmente se mantiene.

Leyendo a Gary Chapman, autor de varios best sellers sobre los conflictos en las relaciones amorosas, me pareció sensacional un camino totalmente opuesto que propone para tratar el enojo. Lee su consejo con atención. Si quieres, confecciona una tarjeta con esta frase. Haz lo que sea. Pero te pido por favor que, aunque sea por quince días, reflexiones sobre ella. ¿Estás preparado? Allí va: «El propósito fundamental del enojo es motivarnos a emprender acciones de amor positivas que dejen las cosas mejor que como las encontramos».

Chapman recomienda cinco pasos para tratar el enojo:
1. Reconozca el enojo.
2. Conténgase de responder de inmediato.
3. Localice el foco de su enojo.
4. Analice todas las opciones.
5. Emprenda una acción constructiva.
El fin último se reduce a emprender acciones positivas con el propósito de mejorar situaciones.

Por ello, el enojo saludable viene de la mano con el amor. No, no me cayó mal alguna comida, ni tampoco has leído mal. El enojo y el amor pueden ser dos grandes compañeros que se potencien mutuamente.

¿Por qué creo ésto?

Porque creo que las personas que nunca se enojan —en la gran mayoría de los casos— reflejan indiferencia o desamor frente a situaciones que son injustas o necesitan ser cambiadas. El enojo bien entendido expresa la pasión y el amor que pueden existir en nosotros por las personas o por determinadas causas. Ese enojo puede ser el reflejo de nuestro amor.

Pero luego necesitamos expresar ese enojo en amor. Como reflexiona Chapman, se transmite con acciones positivas y siempre buscando que las situaciones mejoren.

La forma de expresar el enojo brinda mucha información sobre nuestro corazón. Cuando elegimos el camino de la descarga iracunda y la pelea, somos egoístas. Por el contrario, cada vez que logremos expresar el enojo con acciones positivas y buscando una mejora, estaremos guiados por el amor. Te deseo una vida donde, si hay una buena razón para el enojo, puedas ser una fuente de bendición con iniciativas de progreso. Que tu enojo sirva para mejorar el mundo en el que vives.

Publicado en psicorecursos.com.ar

Este texto es el tercer capítulo del libro "Enojo Inteligente” (Ed. Urano)

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