29/4/20

Dos lecciones de mi mente confinada



Por Pau Navarro

Si mantenemos la cabeza fría seguramente nos demos cuenta de que este confinamiento esconde varias lecciones inesperadas.



Quizás tus aprendizajes no sean los mismos que los míos. Si llevas semanas encerrado con algún niño que no conciba estar atrapado entre cuatro paredes, probablemente tu experiencia sea bastante distinta —por no llamarla de otra manera.

En mi caso, cuando empezó la cuarentena tenía clarísimo que iba a resultarme insoportable. Permanecer 24 horas en casa durante semanas no parecía un plan muy alentador, así que me lo imaginé como una penitencia donde el tiempo avanzaría tan lento que terminaría contando cada minuto del día.

Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario. Las horas me parecen minutos y los días me pasan en un suspiro. Me cuesta creer que ya haya pasado más de un mes sin salir de casa excepto para ir a comprar.

Eso es porque mi mente, como es habitual, solo me estaba mostrando la parte negativa. Se aferraba a cualquier motivo para hacerme creer que el confinamiento iba a ser un suplicio, cuando lo lógico es que, en esta situación, el tiempo vuele.

La explicación es simple: ¿verdad que el tiempo parece pasar más rápido a medida que envejeces?

Eso es porque valoramos el paso del tiempo según los nuevos recuerdos hayamos creado en un período. Pero nuestro cerebro solo codifica las nuevas experiencias en la memoria, no las que ya conocemos.

Por eso, encerrados en casa una vez ya hemos creado nuestras rutinas, el tiempo se acelera.

Mi segunda lección ha sido descubrir que estar confinado no es igual a estar aislado.

Al inicio de esta situación no solo temí por la salud de mi familia o amigos, sino por la distancia que se iba a interponer entre nosotros. Me preocupaba que mis padres se sintieran solos y mis amistades se enfriaran.

Pero, de nuevo, en lugar de hacerme sentir aislado este confinamiento me está haciendo sentir más conectado que nunca.

Sí, me duele la espalda y pagaría por poder salir a comerme un bocadillo en una terraza, pero el aislamiento me ha servido de excusa para intercambiar mensajes con personas que hace años que no veía, hablar más que nunca con mis padres por Skype y reunir nueve amigos en una misma videoconferencia, cuando casi nunca coincidimos tantos presencialmente.

Con todo esto no quiero decir que el confinamiento sea bueno, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que no tenemos que hacerle tanto caso a lo que nuestra mente prevé que va a pasar. Por suerte, se equivoca bastante.

Te recomiendo que en estos tiempos inciertos intentes vivir al día. Que observes la situación en la que te encuentras y saques tus propios aprendizajes: te darás cuenta que incluso lo más negativo esconde algo positivo.

Y tú, ¿qué lección te estás llevando de este confinamiento?

El autor es responsable del blog Habilidad social

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