17/12/18

Coaching y psicología



Por Mariano Rovatti

Cuando hablamos de coaching frente a personas que aún no saben bien de qué se trata, suelen preguntar “¿ el coach es como un psicólogo…? Intentaremos despejar dudas definiendo claramente los ámbitos de ambas profesiones.



Podemos definir al coaching como un proceso interactivo que tiende a maximizar el potencial, ampliando el mundo de las posibilidades, tanto en lo personal como en lo laboral y social. En cada conversación, el coach nos acompaña en el camino de encontrar soluciones a los problemas que hasta ahora no pudimos resolver, a materializar nuestros proyectos y a acercarnos a nuestros sueños hasta verlos cumplidos. En el coaching se trabaja con el lenguaje, las emociones y la corporalidad, abordando el presente tal como es, enfocados en el futuro deseado, con mínimas remisiones al pasado.

Como vemos, el coaching no se ocupa de patologías, como así lo hace la psicología, ciencia que está dentro de las que se ocupan de la salud de las personas. Problemas como la ansiedad, la depresión, la drogadicción o patologías de origen emocional o mental, están claramente fuera del ámbito del coaching.

La psicología y sus disciplinas afines como la psiquiatría, intervienen con personas – a las que llama pacientes- con trastornos reconocidos y diagnosticados, a través de tratamientos específicos.

El coaching no trabaja con pacientes, sino con clientes. No concibe a los mismos como seres carentes o enfermos, sino como sujetos plenos, creativos y llenos de recursos. El coaching no busca sanar desde la psiquis, sino potenciar esos recursos hasta llegar a los resultados deseados.

Conforme la mirada del coaching, y según la escuela que se trate, la psicología se centra en el problema del paciente y en los por qué que generarían sus conductas.

El coaching hace foco en los recursos que habitan en el ser del cliente y en sus motivaciones, los para qué, trabajando desde el lenguaje, la emocionalidad y la corporalidad.

En un proceso de coaching, cuando el profesional detecta la presencia de una patología mental o emocional en su cliente, debe dar por finalizado el mismo y derivarlo a un tratamiento psicológico.

El coaching tiene siempre un abordaje constructivista y sistémico. En la psicología, ello se da sólo en algunas escuelas.

Al tener distintos objetivos y metodologías, los procesos de coaching suelen ser más enfocados y breves que un tratamiento psicológico.

Podemos imaginar ejemplos para que intervenga uno u otro profesional:

El coaching puede ser productivo para ser más efectivo en nuestras actividades, tener claros los objetivos profesionales y personales, comunicarnos más eficientemente con las personas que nos rodean, optimizar nuestros equipos de trabajo, incorporar conceptos de liderazgo, gestionar efectivamente nuestras emociones y diseñar planes de acción para lograr objetivos, entre otros.

La psicología puede resultarnos más apropiada para tratar relaciones tóxicas, evitar ideas suicidas, poder dormir por las noches, combatir adicciones, enfrentar la ansiedad o la depresión, salir de estados de ánimo nocivos y modificar conductas compulsivas, entre otras.

Ambas profesiones coinciden en trabajar con la persona, y hay un territorio no muy ancho, en que pueden desarrollarse indistintamente. También pueden complementarse una a la otra, y de hecho, no pocos psicólogos han certificado como coaches ontológicos.

A veces, puede verificarse cierta desconfianza u hostilidad de los profesionales de la psicología hacia el coaching. Ello se debe a desconocimiento de los psicólogos sobre las competencias y límites del coaching, y/o a faltas de orden ético imputables a ciertos coaches, que ingresan en terrenos que nos les corresponden.

Si ya tenés identificado tu para qué, ¡animate! ¡tomá una sesión de coaching!

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