7/11/18

Corderos y leones



Por Mariano Rovatti

No decidimos todo lo que nos pasa, pero sí decidimos la actitud con la que enfrentamos los que nos pasa. Podemos hacerlo desde el lugar de la víctima, o desde el rol del protagonista. ¿Cuál será el que nos ofrezca mejores resultados?



Tiempo atrás ví publicada esta historia: había una vez una leona preñada que buscaba comida. Al ver una manada de ovejas, se lanzó al ataque. Consiguió atrapar y comer a una de las ovejas, pero el gran esfuerzo realizado cuando ya estaba a punto de parir hizo que muriera al nacer su cría. El cachorro de león, huérfano, nació rodeado por la manada de ovejas. Como desconocía su identidad, se unió a ella y comenzó a caminar, comer y balar como una oveja. También aprendió a sentirse víctima, a gemir y a culpar a los demás por su infortunio, como hacen las ovejas.

Un día, un león adulto se encontró con esta ridícula escena: vio a un león como él, que caminaba, comía y balaba como una oveja. Con un sonoro rugido, corrió hacia las ovejas y las dispersó. El león adulto aferró al joven y lo arrastró hacia una laguna. Allí lo obligó a mirar su reflejo en el agua y le dijo:

—¡Mira, tú no eres una oveja, eres un león como yo! Tienes la fuerza, el coraje, la libertad y la majestuosidad de un león. Eres responsable de tu destino, tú no eres la presa sino el predador. Entonces el león adulto rugió, potente y gloriosamente.

Al oírlo el cachorro sintió miedo y emoción. El león adulto le dijo:

—¡Ahora es tu turno!

Los primeros intentos del joven león fueron lamentables, parecían balidos y chillidos. No obstante, con la guía del león adulto, rápidamente descubrió su verdadera naturaleza y aprendió a rugir.

Ese rugido es la voz del protagonista, que emerge cuando somos concientes que tenemos responsabilidad, dignidad, libertad y poder

Vivimos como lo que creemos que somos y no como lo que realmente somos.

En sus habituales exposiciones, Fredy Kofman dice que el precio de la inocencia es la impotencia, y nos muestra metafóricamente que frente a las distintas circunstancias de la vida, podemos responder como corderos o leones (literalmente él habla de ovejas y tigres, pero es el mismo concepto). Actuamos como corderos cuando decimos que las cosas que nos pasan son culpa de factores externos. Nos declaramos inocentes, ergo somos impotentes para resolverlas.

Si no somos parte del problema, tampoco lo seremos de la solución. Cuando nuestro relato nos excluye de la culpa, a la vez nos deja afuera de la posibilidad de superarlo. El modo de acción de la víctima es estímulo-reacción y su lógica es la del amo-esclavo.

Cuando somos víctimas, somos pasivos y dependemos del curso de acciones de los demás, poniendo la atención en factores en que los no podemos influir. Resguardamos nuestra autoestima con explicaciones tranquilizadoras.

Somos víctimas de las circunstancias, instalándonos en un estado anímico de resignación y resentimiento.

Vivimos como leones, cuando declaramos ser responsables y protagonistas de nuestras vidas.

Comprendemos que aún no hicimos lo suficiente, porque elegimos hacer otras cosas.

No hacemos las cosas porque “hay que hacerlas” sino porque elegimos sobre cómo usar nuestros recursos.

Nos nutrimos de y a la vez alimentamos un estado de ánimo de ambición, esperanzados en poder transformar el contexto que nos tocó.

Asumimos que no hay compromisos ineludibles, sino que todos son eludibles. Nosotros elegimos con qué cosas nos comprometemos y con cuáles no. Aceptamos que las circunstancias no nos llevan a ningún lado, sino que nosotros siempre tenemos la posibilidad de decidir hacia dónde queremos ir, en medio de las circunstancias que nos tocaron. Aún en situaciones extremas de dolor, somos libres de elegir la actitud con la que las enfrentaremos

Somos leones cuando no reaccionamos, sino que respondemos, nos hacemos cargo, y nuestra lógica es la del constructor de poder.

Cuando somos protagonistas, participamos de manera activa y podemos modificar los resultados. Ponemos la atención en factores en los que sí podemos intervenir. Construimos autoestima haciendo las cosas de nuestra mejor manera y logrando cumplir sueños y objetivos.

Ser víctima o protagonista, tiene ventajas y desventajas:

Ser víctima nos asegura inocencia, pero nos genera impotencia.

Ser protagonista, nos provoca ansiedad, pero nos ofrece resultados.

Vos tenés la posibilidad de elegir cuál arquetipo querés seguir. ¿qué historia vas a contar? ¿La de la víctima o la del protagonista?

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