10/4/16

El líder psicópata


Por Bernardo Stamateas 

 El psicópata no es necesariamente un asesino serial o un delincuente. Es una persona que ambiciona el poder, un poder sin límites que lo hace sentirse poderoso e invulnerable. El tema es harto complejo y obedece a una multiplicidad de factores, por lo que aquí sólo intentaremos brindar ciertas pautas que colaboren para la detección de personas con estas características.



El psicópata es una persona "adaptada" al diario vivir que funciona de esta manera: a. Busca el poder por el poder en sí: Su lema es: "Siempre hay más poder". Es una persona que nunca se sacia de poder (dinero, sexo, posicionamiento, etc.). Quiere ser el Nº 1 por el poder en sí.

b. No tiene empatía: Para el psicópata el otro es una cosa (cosifica), un objeto, un adorno, un accesorio para usar y descartar cuando ya no le sirve. Por eso, no necesita el aplauso de la gente. La explotación hacia los demás lo hace sentirse orgulloso, sin importar cuánto sufran los explotados. No tiene emociones de ternura. Puede manifestar simpatía, pero no empatía. Es capaz de expresar emociones de crueldad, si es necesario. Puede decir lo que sea, pues no se siente mal por ello. Si es padre, puede dejar de ver a su hijo como si nada hubiera pasado. Tiene mil amigos que no lo son en verdad. Su objetivo es sacarle algo a cada uno de ellos. No siente apego por un lugar, ni por las personas, ni por nada.

c. No respeta las normas: Siente que le roban la libertad. Lo que para cualquier persona es irresponsabilidad, para el psicópata es libertad; por esa razón, salta todo límite y responsabilidad. Tiene problemas con las figuras de autoridad: padres, maestros, policía, jueces, etcétera.

d. Es cuentapropista: Trabaja solo. Es un lobo solitario. Es un "francotirador". Por eso, cuando está en un grupo no dura mucho tiempo ya que muchas veces sus mentiras salen a la luz. Los seres humanos "normales" somos gregarios, como los leones, nos movemos en manadas; el psicópata no es gregario, sino más como el tigre que es solitario (salvo cuando se junta con otro tigre para salir a comer). El psicópata vendría a ser un tigre vestido de león en una manada de leones.

e. Es manipulador: En general no es agresivo, ya que primero utiliza su mejor arma: la manipulación. Al no tener peso moral, puede pensar cómo engañar una y otra vez, y mentir mirando a los ojos, dado que no sufre de estrés alguno ni siente culpa, angustia o temor. Hace lo que sea sin pensar en las consecuencias. Así fabula, seduce, llora, se pone en víctima, con tal de manipular. Es un artista de la mentira. Cuando es descubierto (robando, por ejemplo) no siente remordimiento, sino que mejora su técnica. Siempre justifica su acción: "Yo robo porque los demás me roban a mí". Hay una vuelta racional para justificar su delito. Es un gran observador. Ve lo que cada uno quiere y se lo da para luego cobrarle muy caro. No tiene miedo, por eso se arriesga y llega primero a una mujer. Trabaja con la culpa. Busca gente que tiene culpa o le mete culpa él. Por ejemplo, le dice a un empleado: "Rodríguez, ¡usted se la pasa en el baño! Tome, haga esto aunque sea...no, ya es hora de irse...". Deja al otro con la palabra en la boca. Por ese motivo, busca al más permeable a la culpa.

f. Es impulsivo: Actúa por deseo. Quiere algo y no evalúa los pros y los contras con detenimiento. Es brillante y tonto a la vez. Puede planificar lo malo, pero no planifica a largo alcance. Es lúcido y lógico, pero falla en planificar el futuro. Para un psicópata lo correcto y lo incorrecto no tiene valor, dado que eso lo vive como un límite. Tiene un estilo de vida parasitario. No trabaja, vive de los demás. No tiene estabilidad ni compromiso en sus planes. Se siente vacío, aburrido, lo cual lo impulsa a buscar experiencias que lo hagan sentir vivo. No tiene una voz interna que modere sus actos. Le cuesta relajarse y es irracional. No tiene ansiedad porque siempre actúa. Si sufre mucha depresión, no hace terapia, ya que la considera otro juego más de la vida.

La historia del psicópata es ser rechazado.

Publicado en La Nación

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