21/12/13

Repensar el trabajo



Por Flavia Costa

En los últimos años se ha popularizado la idea —básicamente cierta— de que el trabajo es un invento de la modernidad. Es decir: sin dudas el hombre trabaja desde hace milenios. Sin embargo, aquello que hoy denominamos "trabajo" —las tareas con las que lo identificamos, el modo en que lo practicamos y, sobre todo, las ideas que tenemos acerca de él— es producto de la industrialización. Y no un producto cualquiera, sino precisamente aquel a partir del cual se han modelado en los últimos dos siglos los cuerpos y las subjetividades de buena parte de los hombres y mujeres que habitan el planeta.



Simplificando mucho los términos se podría decir que las fuerzas conjuntas del liberalismo, el capitalismo industrial y una "mentalidad favorable" a las transformaciones sociales, políticas y culturales ocurridas en los últimos 200 años han convertido al trabajo en un "hecho social total", el centro de la vida pública y privada, económica y anímica, del hombre contemporáneo.

En Repensar el trabajo (versión ampliada de un volumen editado en Chile en 1988 y que circuló en forma muy restringida en ámbitos académicos), el investigador chileno-argentino Martín Hopenhayn parte de esta evidencia e intenta reconstruir la historia y profusión de este concepto. Para ello, y sobre todo en las primeras dos partes de su libro, rastrea los antecedentes de esa "invención", en la que —según observa— persisten todavía rastros de diversas nociones: desde el concepto cristiano de trabajo como deber natural del hombre hasta el concepto calvinista —que, con su énfasis en la laboriosidad, implicó el pasaje del "trabajar para vivir" al "vivir para trabajar"—; desde la visión antropocéntrica del Renacimiento hasta la racionalización del trabajo producida por la economía política clásica; desde la crítica a la "alienación" del trabajo, proveniente de la tradición marxista, hasta el ideal hedonista de la labor "creativa" que condensa trabajo, ocio y póiesis.

En este intinerario histórico, que va desde la Grecia clásica hasta nuestros días, el autor pone especial énfasis en la tensión entre "alienación" y "humanización" del trabajo. Tensión que —tal como explica Hopenhayn— es el eje dicotómico que más habitualmente aparece en los debates y reflexiones sobre este concepto, y que se agudiza en la modernidad, cuando el trabajo rompe las barreras de contención propias de las formas de producción comunitaria, aumenta enormemente su productividad y se liga "tanto a la marcha de la libertad como a la degradación", convirtiéndose en "fuente de progreso y de sometimiento; de creatividad y de embotamiento; de oportunidades y frustraciones; de riqueza y de pobreza". Para dar cuenta de esto, Hopenhayn analiza en especial la tradición hegeliano-marxista; el modelo taylorista-fordista de organización científica del trabajo; la corriente de la psicosociología industrial y algunas otras líneas de reflexión, como la Doctrina Social de la Iglesia o las tesis de Herbert Marcuse.

Finalmente, en la tercera parte, Hopenhayn aborda el problema de cómo está siendo pensado el trabajo hoy, cuando la tercera Revolución Industrial nos coloca cada vez más lejos de la utopía de una sociedad de pleno empleo. Así, tras analizar los trabajos de autores como André Gorz, Pierre Rosanvallon, Jeremy Rifkin o Alvin Toffler, Hopenhayn llega a la pregunta que ha guiado este recorrido: ante la actual crisis del trabajo, ¿hasta qué punto es posible y/o deseable mantener la vieja idea del trabajo como la "actividad esencial" de nuestras vidas? En este sentido, retoma la idea de Dominique Méda, quien plantea la necesidad de "desencantar" el trabajo, entendiendo el desencanto no como una decepción, sino como una desmitificación de un concepto que ha sido "sobresignificado" por más de dos siglos. Para Hopenhayn, en suma, tan importante como solucionar la crisis del empleo es saber "si debemos seguir cargándole al trabajo el papel central en la integración social, el desarrollo personal y la producción de sentido para nuestras vidas".

Publicado en Clarín

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