16/12/13

El triunfo de la fe y el coraje



Por Mariano Rovatti

El sábado 14 el boxeo argentino tuvo una de sus grandes noches. En San Antonio, Texas, rompiendo todos los pronósticos, Marcos Chino Maidana derrotó a Adrien Broner, y se consagró campeón mundial de los medio medianos. El púgil argentino le ganó a su rival, al árbitro, a los jueces, al sistema, a los prejuicios y a sus propias limitaciones.



En una ciudad amigable para los argentinos, -gracias al talento de Manu Ginobili- Marcos Maidana enfrentó a Adrien Broner por el título de las 147 libras. Es la categoría estrella del momento, como lo fue tantas veces. Hoy brillan en su firmamento grandes boxeadores como Timothy Bradley (campeón OMB), Juan Manuel Márquez, Manny Pacquiao (hasta hace algunos años, el mejor libra por libra), Kell Brook, Robert Guerrero, Amir Khan, Keith Turman, Devon Alexander (campeón FIB) y Paul Malignaggi, entre otros. El mejor boxeador de todos los pesos, Floyd Mayweather, aún figura como campeón del CMB en este peso, pero también lo es de los superwelter, categoría en la que se quedaría finalmente.

Uno de esos fulgurantes exponentes era Adrien Broner, elegido por el establishment del boxeo como futuro sucesor de Mayweather, quien ya tiene 36 años. Juventud, velocidad, estilo y carisma eran atributos que llenaban la lista de requisitos necesarios para ocupar el trono de rey de reyes en el boxeo mundial. Apurado en llegar a la cima del negocio del boxeo, este año subió tres categorías.

Con 30 años de edad, el Chino Maidana llegó a San Antonio con su respetable récord de 31 knock outs en 34 victorias, con sólo 3 derrotas. Ya había sido campeón interino AMB de los superligero entre 2009 y 2010, hasta que perdió por puntos frente al campeón regular Amir Khan, en Las Vegas.

Desde que trabaja bajo las órdenes de Robert García, Maidana ha logrado una gran evolución en su estilo. A su potente pegada y reconocida bravura, le agregó el desarrollo de su capacidad estratégica, una mejor defensa y una mayor utilización de los directos como punto de partida a su ataque, dándole más orden al mismo.

Antes de la pelea, Broner hizo uno de sus típicos shows. Fue bravucón, arrogante e histriónico. Habitualmente, el moreno se sube a los escenarios a cantar y bailar rap.

El choque tenía todos los atributos para ser uno de los más atractivos que el boxeo actual puede ofrecer: negro vs. blanco, estilista vs noqueador, histrionismo vs parquedad, razón vs instinto, campeón orgulloso vs retador humilde, norte vs sur….

Las apuestas daban 5 a 1 a favor de Broner. El árbitro designado Laurence Cole y uno de los jueces, Levi Martínez, eran norteamericanos. Otro juez era portorriqueño, Nelson Vázquez. El único que despertaba simpatía para los argentinos era el sudafricano Stan Christodoulus, presente en varias de las mejores noches de nuestro boxeo.

Estaba claro quién era el predilecto para el sistema.

Frente a 12.000 personas, subieron fieles a sí mismos al ring del Alamomode: Broner cantando y bailando, en actitud sobradora y pendiente de las cámaras. Maidana serio y concentrado, ataviado con la camiseta de Colón de Santa Fe, y exhibiendo dos humildes publicidades: un alfajor y un sindicato.

Con el gong inicial, el Chino se adueñó del centro de la escena y en pocos segundos conectó el primer golpe que hizo tambalear a Broner. Lo derribó dos veces y le dio una paliza inolvidable que determinó la internación del ex campeón en un hospital.

Durante el combate, Broner cometió toda clase de infracciones, recibiendo pálidas advertencias del árbitro, quien insólitamente restó a Maidana un punto por un cabezazo que le dio en la mandíbula a Broner mientras éste lo amarraba y le refregaba el antebrazo en la cara. El incidente –que incluyó una grotesca actuación del norteamericano tirándose al piso- se produjo justo segundos después de la segunda caída del moreno. Maidana no se quejó en ningún momento.

Antes de comenzar el último round, el árbitro hizo subir al ring a la médica para que examinara un raspón en el ojo de Maidana, fruto de infracciones de su rival. Fue el último lance que se tiró para privar al Chino de su victoria.

Las tarjetas dieron una ventaja amplia para el argentino, reflejando la realidad del combate. No había lugar para un robo sin escándalo.

Frente a todas las adversidades que se le presentaron en el ring, más allá de las dificultades que de por sí presentaba la pelea por la envergadura del rival, Maidana tuvo la llave de su victoria en su gran actitud: se preparó como un gran profesional, se superó a sí mismo, no se achicó frente al circo propuesto por el rival, tomó la falta de neutralidad a priori de árbitro y jueces como parte de su desafío, actuó con determinación y confianza en sí mismo. Meses antes, cuando perdió con Devon Alexander había pensado en abandonar el boxeo, pero luego modificó esa decisión y se lanzó a la conquista de su sueño.

Quizás sus detractores tengan razón, pero el boxeo se parece mucho a la vida.

Para los que día a día nos subimos al ring de la vida, el triunfo del Chino es un dulce aliciente.

Buenos Aires, 16 de diciembre de 2013

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